Malvinas: un doloroso recuerdo


El testimonio de ex combatientes platenses, a 28 años del desembarco en las Islas, que inició el conflicto con Gran Bretaña

Viernes, 02 de Abril de 2010

Nota del diario El Dia de La Plata

Para los ex combatientes de la Guerra de Malvinas Miguel Martínez (48), Ernesto Alonso (47), Luis Aparicio (48), y Sergio Isaías (47), integrantes del Centro de Ex Combatientes Islas Malvinas (CECIM) de nuestra ciudad, hoy, 2 de abril, "comienza" el año.

"El Centro funciona todos los días, pero abril es especial", expresa Aparicio, tesorero del Centro. "Es nuestro Ramadán (mes en el que los musulmanes realizan un ayuno diario)", compara el ex soldado.

Sin embargo, afirman que en junio muchos ex combatientes se deprimen. "En el '93 un compañero se voló los sesos en el bar Vía Láctea", recuerdan.

Es que, según advierten, la ayuda del Estado, "para algunos, llegó demasiado tarde".

Los ex combatientes afirman que el conflicto por los recursos naturales, que irrumpió ahora, luego de que trascendiera que Gran Bretaña había tomado muestras de petróleo, ya había sido advertido por los ex combatientes.

"No nos sorprendió, pero nos dio bronca", afirma Alonso. Y añade que la base militar, con al menos 1.500 marines "armados hasta los dientes" que tiene Inglaterra allí, cumple una función estratégica en el continente.

"No reivindicamos la Guerra, pero sí la soberanía", aclara Martínez. Al tiempo que concede al Gobierno el hecho de haber puesto en la agenda internacional, nuevamente, la soberanía argentina sobre las islas.

El regimiento 7 de nuestra ciudad batalló en el que muchos consideran fue "el combate más cruento": Monte Longdon.

"El Regimiento 7 era un centro urbano, que estaba preparado para reprimir, pero no para ir a una guerra", considera Aparicio.

Aparicio y Alonso combatieron juntos en Monte Longdon. "Se creía que iban a atacarnos de frente, por eso estaban todas las compañías en una misma línea, pero atacaron por el flanco derecho", relatan.

"Yo tenía una pistola y una bazuka antitanques que no andaba, pero la tenía que cargar de todos modos", afirma Aparicio.

Y describe el infierno: "Los ingleses vinieron a la carga, peleamos cuerpo a cuerpo, pero nos arrasaron. Fue un mazazo en la cabeza. Sólo veíamos las bengalas, que es algo horrible, porque quedás en la línea de fuego, y las balas trazantes. En ese momento sólo luchás por tu vida".

Según Aparicio, el 10 de junio el radar había detectado algunos movimientos. "Eran patrullas inglesas. Estuvimos toda la noche sin dormir, e incluso se tiraron algunas ráfagas", recuerda.

Pero el 11 de junio, cuando los paracaidistas ingleses y la guardia galesa realizaron el ataque, los jefes militares, que habían detectado en el radar el movimiento enemigo, "decidieron no comunicarlo", según cuentan los ex combatientes.

Eran 450 ingleses, con armas automáticas y visores nocturnos, contra 278 soldados argentinos. Al final de la batalla, que duró nueve horas, 21 ingleses y 33 compatriotas yacían muertos.

"Tuve que enterrar a mis compañeros. Los soldados británicos pasaban y nos pateaban, y hubo fusilamientos, denunciados tras la rendición por los propios soldados ingleses", relata Aparicio.

La heroica resistencia de la Compañía B de la Primera Sección del Regimiento 7 motivó al comandante de la 3ª Brigada de Paracaidistas británica, brigadier Julián Thompson, a confiar: "Estuve a punto de sacar a mis muchachos de allí. No podía creer que esos adolescentes disfrazados de soldados nos estuvieran causando tantas bajas".

ENTRE DOS FRENTES

"Estábamos entre dos frentes, no sabíamos de dónde venían las balas, porque hubo jefes militares que hasta llegaron a estaquear a soldados argentinos por robar comida", afirma Isaía.

"Eramos civiles cumpliendo nuestro deber, estamos orgullosos", concluyen los ex combatientes.

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